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ABRIR LA PUERTA A LOS VFX

Víctor Uribe, “Vitoco”, es realizador, director de fotografía, y operador de cámara de cine. Estudió en el IACC y, si bien gran parte de su carrera la realizó en publicidad, nunca dejó su participación en el cine, trabajando con importantes directores nacionales e internacionales como Raúl Ruiz y el español Fernando Trueba.

Su carrera como director comienza el 2010 con Un día Sagrado, una comedia negra de crímenes absurdos, donde los personajes son encarnados por Fernando Farías, Luis Dubó y Ramón Llao. Éste, su primer cortometraje de ficción, no sólo fue acreedor del premio Pedro Sienna ese mismo año, sino que constituyó la punta de lanza con la que comienza a incursionar en los géneros cinematográficos. Comedia negra, terror clásico, acción; salir de la norma, en cuanto al canon del cine chileno, es el estilo de Uribe.

Necrolovers, su segunda producción, es una historia filmada con la belleza del expresionismo alemán y las atmósferas del cine gótico de la década del cincuenta. Finalizada el 2013, el cortometraje de terror se llevó todos los premios internacionales: seleccionado dentro de las tres mejores películas del Festival de Cine de Terror de Transilvania, el Primer lugar en la categoría cortometraje del Festival de cine de Girona, en Barcelona, y del Festival Rojo Sangre, de Buenos Aires, entre otros. Con la creación de sets especialmente diseñados, Uribe se aventura en esta cinta a utilizar por primera vez VFX, indagando las posibilidades que ofrece esta nueva herramienta como un elemento que favorece el género que explora, en un relato estéticamente complejo y fantástico.

Lo que consagró explosivamente a Vitoco Uribe en los medios de comunicación del país fue el estreno en internet de Súper M. Una mañana de diciembre del 2014 millones de personas vieron en la pantalla de su computador o celular cómo la gran torre Costanera Center era derribada por dos misiles que, lanzados por joven madre dispuesta a hacer todo por la felicidad de su hijo, impactaban desde el cerro San Cristóbal hasta el corazón del edificio. En esta producción, Víctor vuelve a insistir en la posibilidad de trabajar géneros cinematográficos con gran aceptación de público y, aún más allá, prueba que en nuestro país existe la capacidad para desarrollar efectos visuales de alta gama, con espectacularidad, profesionalismo y técnica implacable. Por ello, espectadores, directores, críticos y actores del audiovisual nacional han de convenir que, después de Súper M, se ha abierto un nuevo camino para la industria del cine chileno ante el cual no se puede permanecer indiferente.

Eres un realizador que se ha atrevido a experimentar, investigar e integrar efectos visuales en sus producciones, primero discretamente, luego en una apuesta ambiciosa. ¿Cómo fue tu experiencia con los VFX respecto de la realización, la creación de los relatos, en el rodaje y en el trabajo con el equipo de efectos?

Las dos últimas experiencias que tuvimos con efectos visuales fueron Necrolovers, una película gótica, y Súper M. La experiencia que tuvimos con VFX en Necrolovers venía ya pensada en el guion, cuando escribí el guion sabía que podíamos hacer algunos efectos de integración, que podíamos trabajar las lunas que aparecen, el humo. Por motivos de fuerza mayor tuvimos que hacer un trabajo de efectos visuales en la cara de la actriz, con muy buenos resultados. Eso no estaba previsto, la verdad; yo lo quería hacer de forma lumínica pero lamentablemente en el rodaje las cosas se complicaron y no hubo tiempo de hacerlo como yo quería, al final lo trabajamos con los chicos de efectos visuales. Súper M es un cortometraje en donde con la gente de JumpCats y Panóptiko ya teníamos inquietudes de hacer un trabajo con efectos visuales, de contar con esa experiencia. Los artistas 3D de JumpCats querían entrenarse con efectos visuales y poner en práctica sus conocimientos. Los chicos de JumpCats me invitaron a escribir un guión para poder hacer una película con efectos visuales que tuviera concepto, que no fueran efectos visuales gratuitos sino que estuvieran insertos dentro de un concepto dramático. Los resultados están a la vista, lo logramos.

El estreno de Súper M fue un fenómeno no sólo en las redes sociales y en la circulación que tuvo en general, también marca un antes y un después respecto de la integración de efectos visuales en las producciones audiovisuales en nuestro país, ¿cómo fue el proceso de trabajo?

Súper M fue el proyecto que nos puso en la palestra a todos y nos permitió inaugurar los efectos de alta gama en Chile. Cuando inventé el guión lo primero que hice fue un storyboard donde diseñé todos los planos y señalé dónde iban los efectos. Esto después lo discutimos con los muchachos de efectos y una vez que nos pusimos de acuerdo me largué a rodar la película, a hacer la fotografía principal. Lo que hice fue rodar con un sistema de cámaras Red Epic, en 5K para poder tener de esa forma la mayor información de video y color para la gente de efectos, para que ellos pudieran trabajar con el mayor tamaño de imagen posible. Fueron cuatro días de rodaje; dos del edificio, que lo hacíamos más o menos desde las siete y media de la mañana hasta las diez, siempre cuando el sol venía desde la montaña hacia el edificio, de oriente a poniente; y luego de día, toda la parte del departamento con el niño. Nunca es fácil rodar con un niño inquieto, imagínate que hasta durmió la siesta y tuvimos que esperarlo para poder rodar todos los planos. Luego de eso hicimos el Parque Metropolitano, con mucha presión porque no teníamos el permiso para rodar la película, o al menos las partes que pretendía hacer yo. Lo hicimos a escondidas y lo logramos. Luego, el montaje duró tres días, relajados con un amigo tomando cerveza. Después ya pasamos a efectos visuales donde lo muchachos empezaron a trabajar y el proceso duró alrededor de un año y medio, eso porque habíamos acordado desde un comienzo que los tiempos que teníamos para trabajar la película iban a ser los tiempos libres.

¿Y el proceso con el equipo de efectos visuales, el flujo de trabajo, los tiempos… ?

Todos tenemos que hacer nuestras cosas, y había que hacerlas profesionalmente y pagadas por parte de la gente de efectos visuales, yo tenía que filmar películas y qué se yo. Entonces nos tomamos todo el tiempo del mundo para lograr excelencia, que era a lo que aspirábamos todos. Claramente en el proceso nos pilló el tiempo; pasó que con algunos planos no quedé satisfecho y tuve que pedirle a los chicos de 3D que los repitiéramos y eso sumaba tiempo. De repente un plano que se tardaba un mes o mes y medio en armarlo, yo notaba que tenía algún problema y les pedía que lo repitieran y eso significaba volver un mes o mes y medio atrás. Pero siempre lo tomaron con calma. Yo calculo que si hubiéramos trabajado todo el tiempo en el cortometraje, todos los días, quizá nos hubiéramos demorado tres o cuatro meses hombre. Eran cuatro personas que estaban trabajando en él, uno que compone, otro que integra, otro que diseña.

Y desde esta experiencia con Súper M, ¿cuál es el valor de los efectos visuales para la industria audiovisual en nuestro país?, entendiendo que nuestra industria tiene ciertas particularidades, que aún los directores y productores no se arriesgan en este campo, no utilizan VFX como una herramienta más a la hora de contar sus historias.

En mi caso como director, me gusta el cine de género, la fantasía. Los efectos visuales permiten de alguna manera echar a volar la imaginación y no autocensurarse en el guión. Si estás escribiendo un guión y te imaginas una secuencia no estoy pensando si lo lograré, o si puedo o no hacerlo en Chile. Después de Súper M, los realizadores podemos apostar por un cine más jugado, fantástico, que involucre efectos visuales. Las herramientas están, también los muchachos que saben usarlas muy bien, y yo creo que a estas alturas no podemos coartarnos la posibilidad de trabajar con efectos visuales para enriquecer nuestros relatos cinematográficos. En mi caso procuro que los efectos visuales tengan una función dramática en la historia, que no sean gratuitos. “¡Quiero volar la torre!” No. El cortometraje de la torre tiene un concepto que algunos entienden, otro no. Creo que resulta muy bien, la verdad. Yo creo que los directores deben atreverse y las historias tienen que, de una u otra forma necesitar de los efectos. Después de Súper M recibí muchos mensajes y llamadas donde otros amigos realizadores me preguntaban por la experiencia de trabajar con efectos visuales o que les diera un consejo de cómo hacer algo que ellos querían lograr. Eso es bueno, hasta hace un tiempo atrás, antes de Súper M, los efectos eran algo casi que no se hacía en Chile y solamente la publicidad podía tener acceso a ello. Yo creo que no es así. Por estos días hay películas en post producción, que se están terminando de editar y están realizando cierta investigación e integrando algún grado de efecto visual; para enriquecer el relato, para completarlo, para corregir algo que ocurrió o incluir algo que no se pudo hacer; está perfecto, en buena hora.

Entonces, qué expectativas se abren para directores, productores, y realizadores en general en el campo de los VFX…

Lo importante para nosotros con este proyecto fue dejar en claro que en Chile se pueden hacer buenas cosas con efectos visuales de alta gama y, por otra parte, es responder al hecho de que los evaluadores, en un proyecto, en un concurso, no digan que una película no se puede realizar en Chile porque acá no se hacen efectos visuales. Ya demostramos que en este país están los artistas y las herramientas para lograr efectos visuales de alta gama y así enriquecer nuestros relatos. Por eso invito a toda la gente de imaginación, a los artistas 3D, a diseñadores, realizadores a que se atrevan con sus ideas, que sigamos adelante y podamos hacer surgir el cine de género en nuestro país, porque la imaginación está, los artistas están y podemos lograrlo, vamos para eso.